Nos perdemos como especie. Los dinosaurios dejaron de existir por la caída de un meteorito, nosotros, vamos camino de la propia extinción gracias a los paletos de opinión.

Los paletos de opinión son aquellos sabelotodo que se ven en la imperiosa necesidad de dar su opinión sobre cualquier hecho, entre o no dentro de sus capacidades de discernimiento.

Las redes sociales, los programas de debate y nuestra incontinencia verbal han dado lugar a un nuevo ser que opina de absolutamente cualquier cosa.

Los paletos de opinión suelen descubrirse por ponderar frases hechas y discursos heredados que se adhieren con fidelidad a sus creencias.

Repelen cualquier argumento que pueda poner en tela de juicio lo que ellos ya han adoptado como única verdad. Todo se resume en un: «esto es como yo lo digo y punto«.

No suelen estar dispuestos al dialogo ni a confrontar argumentos, más que nada porque los suyos, no son suyos, sino argumentos heredados y claro, así es difícil defenderlos puesto que nunca los han sometido al proceso de crítica e ignoran cómo han surgido.

Es decir, un paleto de opinión dirá: «Tengo la teoría de que la tierra es plana«.

Si le preguntas en qué se basa, dirá que es “su teoría…y como yo lo piensan muchos más”.

Son seres que se creen pensadores únicos cuando lo que hacen es apoyarse en el discurso de otros.

Otra característica de estos conciudadamos es que suelen ser criticones. No críticos sino criticones.

Tienen un ojo experto por “desenmascarar” a todos los que comenten fallos.

Como decíamos al principio, son expertos en todo y saben qué es lo que se debe hacer en cualquier momento…

Eso sí, casi siempre lo hacen a renglón pasado.

Si dudas y no sabes si estás ante un paleto de opinión o no, hazle una pregunta que implique dar una solución diferente a la que esté cacareando en su discurso heredado.

Y es que las soluciones también las repite como si fueran pensamientos propios cuando no han sido tampoco filtrados por su propia conciencia.

Por último, algo común a los paletos de opinión es su capacidad para imponerse sobre los demás manteniendo un tono de voz mucho más elevado que el resto lo que les permite sobre salir de los demás, no por su inteligencia, si no por su garganta.

Importa poco lo que digan, sí consiguen que el otro no hable, que ceda y calle, ya tendrán su espacio para imponer el discurso aprendido.

Todo sería anecdótico si no fuera porque suelen ser individuos que acaban imponiendo por la fuerza, a voz en grito, sus pseudoargumentos y pseudoteorías. No habría ningún problema si no fuera porque no siendo mentes críticas se convierten en altavoces de grupos partidistas que no buscan el bien común sino crear cizaña y enfrentamientos.

Los paletos de opinión podrían incluso dar pena si no fuera porque con su actitud alimentan las filas del fascismo siendo cooperadores activos de discursos de odio.

Contra la proliferación de estos individuos solo cabe la educación, el cultivo por el pensamiento crítico y el empeño por dar valor a las artes “inútiles” como la Filosofía.

Mientras tanto, solo queda aguantarlos.


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