Es satisfactorio darse cuenta de la cantidad de individuos que están encantados de conocerse, que se jactan de ser como son como si hubieran alcanzado el máximo de sus capacidades.

Es divertido, encontrarlos presumiendo de sus características especiales y exponiendo a diestro y siniestro la bochornosa frase: «Es que yo soy así».

Este tipo de frases suele escucharse cuando alguien pretende dar como válida una acción reprobable. Acomodados en el “yo soy así” se solventa cualquier acto en el que se haya perdido el control.

Para todos los que veis la televisión, encontraréis a este tipo de espécimen humano en programas tipo reality. En ellos, se desenmascaran la mayoría de los que allí se presentan bajo esta autoproclamación para excusar gritos, malos modos, insultos e improperios.

Ante esta oda hacia uno mismo, lo peor es que, sin querer, autorizan cualquier acción, puesto que lo que muestran es su incapacidad para controlar los impulsos.

No somos monos, aunque descendamos de ellos

Al margen de los programas de telebasura, en donde se puede ver un amplio espectro de estos seres, en apariencia inofensivos, tenemos, desgraciadamente, otros ejemplos en los que esa falta de control de los impulsos no divierte a nadie. Lo vemos en las malas noticias de todos los días con manadas, violadores y asesinos en general y de mujeres en particular.

La sociedad no ha aprendido a educar a sus ciudadanos para vivir en ella, las leyes han otorgado derechos y deberes a los individuos pero, estos se adhieren con fuerza a la primera parte y obvian la de las obligaciones. Y, desde cada uno de los hogares, se potencia el yoismo que convierte a los hijos en tiranos.

Hijos que se desarrollarán en una sociedad que creen ha sido edificada en torno a ellos, que juegan con ella como si de piezas de construcción se tratara y montan y desmontan a su gusto.

No se someten a las reglas que permiten el crecimiento como sociedad, al contrario, exigen de la sociedad sometimiento y pleitesía. Se jactan del “yo soy así” para enmascarar su mala educación, su falta de empatía, sus atropellos, sus violaciones, sus 250 km/h por carretera…

Ahora, además, en Murcia, tenemos un partido que niega la violencia hacia la mujer y que no quiere que a sus hijos les hablen de igualdad. Pero, eso, es otro tema.

Volviendo a los yoistas, diremos que aceptar la propia incapacidad para frenar los impulsos, no los convierte en seres “que van de cara” (otra de las frases que suelen repetir con orgullo, junto la de “yo es que siempre digo lo que pienso”) sino en individuos que solo se diferencian del mono porque están depilados de arriba abajo.

No controlar las emociones de rabia, enfado, ira…, y dejarlas escapar en forma de ataques sobre los que tenemos alrededor, no nos hace mejores como especie, y, mucho menos, se justifican con el “yo soy así”.

“Yo soy así”, también lo podría haber dicho Jack el Destripador, Aníbal Lecter y Hitler, y ninguno sería ejemplo de individuo-social. Al contrario, son sociópatas que no ven en el otro un semejante sino un cuerpo en el que volcar su frustración.

Una sociedad que no educa a sus miembros para vivir en ella, paga las consecuencias en forma de individuos que se convierten en lobos para el hombre.

Lo mejor de todo es que una sociedad es un ser vivo en sí mismo, capaz de mutar y evolucionar pero, para ello, cada uno a de hacerse responsable de sí mismo. Entender que nunca se encuentra en la mejor versión de sí mismo y trabajar para alcanzarla.

Para que esta sociedad se proyecte en el futuro debe inculcar a los individuos empatía, solidaridad y generosidad…valores todos ellos contrarios al yoismo.

No vale que tú seas así para justificar acciones que hieren, denigran o generar malestar a tu alrededor. No, no vale.

Si en algo eres ser humano, demuéstralo. Cede la palabra, escucha, aprende a esperar, mira al otro y piensa si lo que vas a soltar por tu boca va a ayudar en algo o va a hacer que empeore una situación.

Se lleva entronando a los hijos desde hace unos años y hoy, esos hijos, ya creciditos, quieren su trono a costa de quien sea. Los pequeños tiranos son ahora manadas que no han aprendido a controlar sus instintos. Son tertulianos que no han aprendido a respetar la palabra del otro. Son concursantes de realitys en donde todo vale por un minuto más de televisión.

No, no bajamos del árbol para seguir comportándonos como monos.


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