Nadie elige nacer en una época y lugar determinado, naces y te adaptas a lo que te ha tocado. Puedes intentar cambiar las cosas pero a groso modo te toca más bien acostumbrarte a lo que hay.

Y en eso estamos, intentando asumir el black friday de las narices que se repite año tras año para recordarnos lo tontos que nos hemos vuelto como sociedad.

El black friday es la demostración empírica de que el ser humano occidental ha dejado de ser un homo sapiens para convertirse en un homo stultus, lo que traducido al castellano actual vendría a significar un tonto muy tonto.

Estamos viviendo una época en la que hemos dejado de lado cualquier vestigio de enriquecimiento humanista para adoptar el papel pasivo de consumidores.

Nos hemos convertido en las piezas-peones de cualquier compañía que tenga algo que vender.

Masas de individuos que se segmentan en función de raza, sexo, edad, aficiones, creencias…para ser «vendidos» al área de marketing de cualquier empresa.

Somos carne de consumidor y hemos entrado tanto en nuestro papel que disfrutamos como cerdos en el barro cuando en el calendario aparece marcada la fecha del black friday.

Lo que comenzó siendo 3 días de ofertas, en España, se ha convertido en una semana entera o incluso en el mes del black friday. Porque, ¿para qué vamos a conformarnos con gastar solo tres días a la semana pudiendo cebarnos a gastos durante una semana o más?

Nos hemos convertido en marionetas de las empresas, en sus presas voluntarias que se suben por si solas al altar del sacrificio consumista.

Lo veo, lo quiero, lo compro…o, mejor dicho, me lo enseñan, lo deseo, lo compro.

La mayoría de las compras que se realizarán este black friday son compras compulsivas, de productos que solo cubren la necesidad de ese comprar por comprar.

Nos han convertido en drogadictos de consumo y no podemos pasar sin nuestra ración de compra, y, mucho menos, no participar en el banquete preparado por las compañías, marcas, empresas y negocios, que llamaron, acertadamente, «fin de semana negro»…negro para tu bolsillo, amigo, porque para las empresas es el dulce sonido de la caja registradora.

Pero, oye, nosotros tan a gusto, mirando y remirando páginas web para ser el que presuma de comprar el chollo del siglo.

Qué los niños crean en los reyes magos y en el ratoncito Pérez está bien pero que los padres crean que las empresas les están ofreciendo chollos es para preocuparse.

El hombre occidental es ya un ser de consumo infinito. Infinito porque nunca está satisfecho con su compra, porque lo que hoy deseaba con pasión mañana se ha vuelto caduco y, lo que quiere es el nuevo modelo con el mismo diseño, las mismas prestaciones y la misma apariencia… pero, que lo están vendiendo más caro y por algo será.

Y vivimos así, saciando una sed que no sabíamos que teníamos hasta que salta el anuncio en el móvil, en la televisión o en el ordenador.

Somos la  sociedad que más necesidades innecesarias está creando para consumirnos en la hoguera del consumo.

No hay juicio crítico sobre la publicidad que nos persigue día tras día. Respondemos a ella de manera instintiva porque ya se han encargado los trabajadores del marketing de saber qué es lo que nos emociona, qué es lo que esperamos y cómo mostrarlo.

Pero de todo se puede salir. Si somos capaces de coger perspectiva, de mirar desde fuera, de hacer un ejercicio de reflexión no os hará falta ser Neo para descubrir con claridad ese Matrix que nos tiene aprisionados y que se llama sociedad de consumo.

Dejad de ser las marionetas de las empresas, no obedezcáis a esos amos sedientos de vuestro dinero. No os vendáis a las marcas por un puñado de objetos que si nunca hubierais visto nunca hubierais echado en falta.

Sed libres, porque días como el black friday, lo que demuestran es que somos perros con correa que van donde sus amos desean.

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