Coincide que estoy leyendo el libro de Almudena Grandes, Los besos en el pan, con una protesta que se está llevando a cabo en Murcia y en la que se encuentra involucrado todo un universo social: los habitantes de los barrios.

Menciono el libro porque en él se narra la supervivencia de quienes sufren los latigazos de una crisis que se instaló en España hace años y que está marcando el devenir de los barrios considerados obreros.

Porque en España las clases siguen formando parte de nuestra idiosincrasia y no es lo mismo hablar de Vallecas que del barrio de Salamanca (en Madrid) o de El Carmen que de los que viven en la Gran Vía (en Murcia).

En la novela hay un momento en el que los protagonistas defienden en la calle un centro de salud que quieren cerrar. En Murcia, actualmente, también se está luchando, luchando para evitar la construcción de un guetto.

En Murcia, las fuerzas políticas que nos gobiernan (bajo el lema: todo para el pueblo pero sin el pueblo) quieren construir un guetto y lo quieren llevar a cabo levantando un muro en aras del progreso. ¿Un muro?, sí, como el de Berlín o como el de Varsovia en la 2ª Guerra Mundial.

El caso es el siguiente, en Murcia llevan años convenciéndonos de que el AVE está a punto de llegar a la ciudad. Elecciones tras elecciones nos insisten en que “este año llega”, particularmente dudo de los beneficios que pueda aportar tal medio de locomoción a la ciudad, de hecho, cada vez que pienso en el entusiasmo que tienen los políticos murcianos de que llegue viene a mi memoria la imagen de “Bienvenido Mr. Marshall” con su alcalde en el balcón creyendo que iban a dejar de pasar hambre porque venían los americanos.

Pues aquí el AVE es para el gobierno de Murcia lo que los americanos para Pepe Isbert.

Independientemente de que tengan razón con los beneficios que otorgue el AVE lo que sí es una realidad es que quieren hacerlo llegar sin soterramiento de las vías, así, a pelo, y para ello han decidido que es mejor levantar un muro para evitar accidentes. Un muro que dejará todo un barrio separado del resto de la ciudad.

Según quieren convencernos, el muro es provisional y sólo formaría parte del paisaje hasta que se acometan las obras de soterramiento, se desarrollen y finalicen. Calculen ustedes el tiempo porque a mí me da la risa.

La conclusión a la que llego es que o mienten o nos quieren robar.

Mentirían si al final no se soterraran las vías y nos robarían en el caso de que se soterraran (porque supone gastar dinero para construir y destruir el muro y más dinero para soterrar las vías), les dejo la elección de cuál de las dos opciones es la que tienen pensada para los ciudadanos de Murcia.

Este es el panorama que ha hecho germinar un movimiento vecinal que se opone a quedar marginado y que sí que merece un momento de atención. Los vecinos del barrio de El Carmen y Santiago El Mayor llevan años reclamando el soterramiento de las vías del tren, los políticos, manipuladores de palabras convenientes, siempre han hecho promesas tranquilizadoras mientras seguían construyendo sin atender realmente a los vecinos.

Ahora el tren está llamando a la puerta de la ciudad y ¡oh, sorpresa!, las vías van por la superficie y la solución de quienes deben trabajar para su bienestar es la de construir un muro.

Los vecinos han comenzado a salir día sí y día también a la calle. Armados con la razón son capaces de guardar la rabia hacia quienes se ríen de ellos y rugen como marabunta sin perder las formas (saben que si lo hacen les llamarán violentos y el gobierno tendrá la justificación para no escucharles, cosa que tampoco están haciendo a pesar de la serenidad que manifiestan).

Un mar de ciudadanos, de vecinos que se conocen de vista y que han empezado a reconocerse por un bien común, que salen a la calle para hacerse oír y para comprobar no sólo que no están solos sino que reciben el apoyo de toda la ciudad.

Existe un lazo invisible en los barrios obreros que une a sus habitantes y que tira de ellos cuando se necesita que sean sólo uno.

Ahora, los lazos de mis vecinos están tirando de unos y otros para seguir gritando juntos, para encontrar la manera de que su protesta, su reivindicación, se plasme en la realidad.

Los habitantes de un barrio obrero saben lo que es trabajar sin descanso, sentirse perdedores, sentirse hundidos pero también saben el valor de la unión, la fuerza que surge de quien lucha codo con codo. El sentimiento colectivo que hace creer que se puede lograr. Y, sobre todo ello, crece la pasión dormida y las ganas de seguir luchando.

La dignidad radica en la capacidad para vencer la injusticia y, hoy en Murcia, sus ciudadanos pasean su dignidad por toda la ciudad. Creciendo cada vez más en número, proyectándose aún más en el futuro, con un pie más cerca de la victoria. Porque las batallas, aunque no se ganen, nunca se pierden cuando se lucha.

«Pero los españoles, que durante muchos siglos supimos ser pobres con dignidad, nunca habíamos sabido ser dóciles.».- Los besos en el pan.- Almudena Grandes

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