¿Sabéis que Google o Facebook os muestran solamente aquello que cree que es relevante para vosotros?

El uso de Internet nos permite acceder a información de forma rápida y actualizada en poco segundos y así sabemos del último terremoto en Pekín o del levantamiento popular en Egipto justo después de que estos acontecimientos sucedan.

Si bien la información nos permite hacernos una idea de lo que ocurre en el mundo debemos entrar en el juego de la reflexión para saber por qué ocurre lo que ocurre.

A este respecto es a lo que parece que estamos más abocados al desastre ya que la capacidad de recibir información y procesarla requiere de un tiempo determinado, y, dicho tiempo, en la era de Internet, se ha reducido tanto que acabamos colapsados como el sumidero de una cañería atascada.

Recibimos más información de la que podemos procesar y como no queremos quedarnos al margen de la opinión nos dejamos llevar por aquellos que entendemos afines y a los que les robamos el discurso para poner en nuestra boca sus palabras.

La sobre información nos está convirtiendo en borregos que buscan pastores a los que seguir y ahorrarnos el tedioso trabajo de pensar libremente,  principalmente, por dos razones: porque requiere de esfuerzo y de tiempo, y si pasamos mucho tiempo reflexionando la noticia se disuelve antes de poder escribir un tweet y cuando vamos a hacerlo ya hay otra más importante de la que hablar.

O nos conformamos con llegar tarde en la opinión, o en no opinar, o en adoptar la opinión del otro. La elección siempre va a ser nuestra.

Por otro lado, apoyarnos en Internet, para recibir información, nos está encaminando hacia el pensamiento único. ¿Por que? porque el algoritmo de Google muestra aquellos resultados de que ya nos interesa, que él entiende que son afines a nuestra forma de pensar, actuar o comprar. Por lo que nos impide salirnos de un mini círculo de conocimiento en todos los sentidos tanto a nivel de información como de usuario.

Que te persigan anuncios de viajes en crucero porque se te ocurrió un día mirarlos para ir de vacaciones te limita a conocer que hay unas estupendas cabañas en los Pirineos para pasar temporadas de ocio.

Conocer los valores nutricionales de las galletas de chocolate hará que te persigan anuncios sobre las mismas impidiéndote ver las excelencias de otro tipo de desayunos…y así con todo.

Google nos quiere hacer la vida más fácil, como si eso fuera posible, y nos va mostrando sólo aquello a lo que le hemos prestado atención colocándonos así una especie de anteojeras de burro que nos obliga a mirar hacia un mismo sitio olvidándonos de los otros caminos que están a los lados.

Si quieres viajar te muestra el camino más corto, o más rápido, o más barato, está bien en el caso de que tengas prisa pero, ¿es necesario poner el navegador cuando lo que quieres realmente es viajar, ¿no es el viaje, en si mismo, un descubrimiento de nuevas rutas, de nuevos caminos, de conocer lo que ignorábamos?

Si queremos un restaurante nos lo elige Google, además de condicionarnos colocándole estrellitas y dejándonos leer las opiniones que sobre él han hecho otros clientes (o la competencia) anulando así la experiencia propia de decisión e impregnándonos ya con la opinión ajena.

Google no nos pone fácil la vida, nos la está reduciendo apartando de nuestra vista lo que él considera irrelevante para nosotros como un ente todopoderoso que sabe mejor que nosotros mismos lo que nos conviene.

Google no es el único, las diferentes redes sociales deciden por ti qué noticias te van a mostrar primero dejando a un lado la de aquellos amigos que según él no considera relevantes. Aventa todo lo que en un momento primigenio nos interesaba para quedarse sólo con aquellos granos que no considera paja para enseñárnoslo.

El pensamiento único se produce cuando no tenemos entre lo que elegir ni hacia dónde mirar.

Si sólo existe el blanco y el negro sólo pintaremos con estos dos colores ignorando el resto.

Los algoritmos de quienes estamos permitiendo que nos manejen vía internet están borrando los colores para, ¿facilitarte la vida?.

¡Qué mundo en blanco y negro más triste se ve en el horizonte!