Hay hombres que no aman a las mujeres y personas que los defienden de forma pasiva. Evidentemente no se va a tener la cara dura de decir “yo defiendo a un maltratador” pero no es necesario decir para hacer.
Quien ha sabiendas de que un hombre ha maltratado a su mujer, le rie las gracias, le habla y le da un espacio social no tiene otro nombre más que complice.
Algunos libros de psicología dicen que somos lo que son nuestras personas más cercanas, que viene a ser lo que en la “sabiduría popular” viene a ser un “dime con quién andas y te diré quién eres”. Dicho lo cual puede que tú no seas un maltratador pero si le das la mano a uno, si lo invitas a comer en tu mesa, si compartes una botella de vino con él, eres como él, o al menos, no te importa una mierda la víctima de su maltrato.
Las hienas sólo se juntarán con otras hienas. Echa una mirada a tu alrededor y ten en cuenta con quién compartes el pan y el vino.
Dar espacio social a un maltratador es ningunear a su victima, es decirle soterradamente un: “mira, me da igual lo que te ha pasado” o es un: “él, rompedor de huesos, merece tanto respeto como tú, que no eres más que un saco de boxeo.”
Y así vamos, manteniendo la paz social porque cómo vamos a decir “fuera de aquí, bicho” a un maltratador. Y, así vamos, dejándolos que campen a sus anchas porque antes de ponerlos a ellos frente al dedo acusador, es mejor, que su victima siga en el rincón en el que siempre estuvo.
Los verdugos no son sólo aquellos que ejecutan sino, también, todos aquellos que no les señalan, todos aquellos que no les hacen el vacío. No me vengáis mañana llorando por un asesinato machista, ni guardando minutos de silencio ni colgando murales en los colegios cuando sabiendo quiénes son los maltratadores seguís dirigiéndoles la palabra.
No sois cobardes, sois complices.
