Tampoco es que necesitásemos mucho para desandar el camino de la evolución. Desde hace tiempo el ser humano se ha ido reconvirtiendo en un ser primitivo.

Con un poco de suerte, Arsuaga todavía va a poder mirar a la cara a un neandertal en vez de desenterrarlo.

La evolución, como la involución, no se da de golpe, no te acuestas siendo una criatura desarrollada y te levantas siendo un mono recién bajado del árbol, o lo que es aún peor, todavía balanceándote en sus ramas.

Cuándo empezó todo, pues no sabría decir. Lo más simple sería decir que todo es culpa de las redes sociales, de los influencers y del resto del ecosistema influencers-digital. Pero claro, el individuo no es que sea una máquina perfecta que va en línea recta y hacia arriba. La mayoría de las personas salieron de la cueva porque no tuvieron más remedio, porque el resto de sus iguales había decidido tomar ese rumbo y, por supuesto, los más tontos de la especie no se iban a quedar atrás; que los listos abrieran el camino, que ya ellos les seguirían sin tener que hacer mucho esfuerzo. Y ahí está la clave, en el “esfuerzo”. Hay individuos que han venido a este mundo para adornar, para hacer bulto, que no tienen más de dos dedos de frente, pero que como tienen apariencia de seres humanos, pues todavía te crees que lo son y que tienen cerebro, y neuronas, y que las usan. Mira, no. Por muy duro que sea escucharlo, que tú tengas cerebro no significa que lo uses. Yo también tengo piernas y no soy Usain Bolt.

Cierto uso de la inteligencia artificial tampoco está ayudando a que esta criatura bípeda sin plumas que se pasea por el mundo vaya por el camino de la razón, del conocimiento y de la sabiduría. De la ética y de la moral, ya ni hablamos, que no sólo es que queden fuera de la ecuación, es que ya ni se plantean.

La inteligencia artificial realmente no es una “inteligencia” como tal, puesto que no es capaz de razonar. Digamos que es una máquina que finge saber de todo y que te lo dice tan rápido que piensas que es verdad que lo sabe.

Si los datos que maneja los ha ido “aprendiendo” por internet y teniendo en cuenta que internet es un campo abonado de todo tipo de teorías, unas científicamente probadas y otras homeopáticamente científicas pues, la verdad, las respuestas que nos da ChatGPT y compañía son para ponerlas en cuarentena. Pero, como el sujeto ha decidido que para qué va a seguir pensando si tiene quien le dé las respuestas al segundo, pues prefiere tomarlas por verdad y obviar que puede estar dejándose guiar por un nuevo tipo de “cuñao”, el “cuñIAo”

Al final, la pereza es la que va a matar al ser humano. Pensar es lo que nos diferencia del resto de las especies, lo que nos ha permitido evolucionar a lo largo de millones de años y lo que nos ha permitido trascender más allá de la carne y componer Réquiems, pintar El caballero de la mano en el pecho o escribir El Quijote.

El arte se da porque el ser humano trasciende de su propia existencia material (cuerpo y entorno) para comunicar sus emociones, sus sentimientos, para transportar a los otros a un conocimiento superior. El arte nace de la evolución humana. El arte muere cuando deja de estar acompañado de un pensamiento individual, de una experiencia vital, de un anhelo personal.

Sin pensamiento propio no hay libertad, ni arte.

La tecnología nos está volviendo cada vez más vagos, más enfocados a la apariencia que a la profundidad. Y esa pereza por el pensar nos devolverá a las cavernas, a las de la prehistoria y a la de Platón, en la que se adoraba y se tenían por reales nada más que simples reflejos y sombras de la auténtica realidad.

Demos la bienvenida a la nueva era del “no pienso, pero existo”.

Para todos aquellos que aún tenéis circunloquios, que no comulgáis con el texto plano, que no aprendéis con el x2 en los vídeos… ¡resistid! Porque la historia está llena de épocas de oscuridad y sólo los que resistieron dieron paso a la chispa que iluminó nuevos periodos históricos.

¡Viva la resistencia, viva la humanidad, viva el individuo y viva el pensamiento crítico!