Hay un tiempo, un momento para cada cosa.

Una hoja que cae con el peso del polvo que se deposita.

Una semilla, un todo que comienza y acaba en cada momento.

La eternidad no es más que saltos de gorrión que hace el tiempo.

Poco a poco, paso a paso, pena a pena.


Estoy aquí, sentada, frente al mar, un mar en calma que me arrebata la posibilidad de la furia, la mía.


Y te irás, te irás como el viento que pasa.

Te irás como el tiempo que pasa y te irás y mirarás atrás, y me verás inmóvil contemplando tu marcha, incapaz de detener lo inevitable.

Y con tu marcha te llevarás la parte de mi que no soy yo, la imagen.

Y me olvidarás.


Me entrego a tu abrazo de enredadera, a tus gotas de rocio fresco.

A tu fragancia de jazmín y rododendro.

Fallezco a tus pies descalzos esperando ser recogida, protegida, amamantada, saciada…

Y soy recogida, y elevada, y acariciada, y correspondida…y, entonces, creo.


Llegaste para no quedarte, órbita de paso, solo eso.

No conocías, no sabías, no entendías.

Llegaste, viste, venciste y te quedaste.

Y aquí te tengo, tejida, liada, enmarañada en mi.

Doblegaste un alma libre.

El alma que se complacía con lo que no conocía y que encuentra sentido es ser cuna, en ser adormidera, en ser otra carne y otra sangre.

Y mírame, delirio, susurro fingiendo que no sé que no estás conmigo.


Olvídate cuerpo,

Olvídate de la cordura y la calma.

Olvídate alma,

Olvídate del silencio y el respeto.

Y así, sobre la montaña erigida de basura

Hinca el pie y clava tu bandera.


Y llegó inesperadamente, se arrodilló ante ella.

Bajó la cabeza, la miró desde la miseria, desde su rincón lleno de telarañas.

Arrancó su corazón y susurró: enamórate de mí.


Sin drama, sin miseria.

Caminamos en un mundo mayor que nosotros.

Seres de pecera sin agua.

Fatigados de dolores propios y ajenos nadamos en nuestras lágrimas y nos ahogamos con cada bocanada.

El silencio rendirá homenaje a nuestro dolor.


Y te vas.

Te vas con el rumor frío de la muerte.

Con la ausencia del cuerpo.

Con la lóbrega venganza de la vida.

Y te vas dejándonos el vacío oscuro, perdido, inacabado.

Te vas, pero te quedas en todo mi desamparo.

Te vas, pero te quedas.