En las ciudades modernas hay una nueva criatura humana nacida de la falsa necesidad. Se trata de los porteadores del consumo que impulsados por su propia energía, cuándo van en bici, satisfacen las demandas de otros semejantes.

Subidos en sus medios de transporte recorren la ciudad con una mochila acuestas cargada de más cosas además de los objetos por los que han sido solicitados.

En sus espaldas recae la manifestación de una sociedad cada vez más apalancada en su micromundo que no duda en pedir que le suban la leche del establecimiento de enfrente de su casa con tal de evitarse salir de su territorio.

Porteadores urbanos

Cargan con el “lo quiero lo tengo…y rapidito”. Portan en sus hombros a una sociedad enferma que se queda con el servicio y olvida al porteador.

Seamos sinceros, los porteadores modernos de las ciudades no están satisfaciendo una necesidad real sino una forma de vida egoísta, narcisista y caprichosa.

Los nuevos serpas se abren paso entre los atascos y el ruido de la ciudad pero no lo hacen para que su amo alcance la inmortalidad llegando a la cima de la montaña, lo hacen para que el individuo de turno siga mirando ensimismado su televisor o pueda presumir delante de los amigos que en su fiesta no falta de nada porque lo que quiere lo consigue.

Si al menos el trabajo de serpa urbano estuviera bien pagado pues, a lo mejor no me chirriaba tanto pero, rectifico incluso antes de acabar  la frase, siempre me molestarán los trabajos, bien o mal remunerados, que impliquen cierta servidumbre y es que ¿por qué pedir que te hagan lo que puedes hacer tú mismo?

¿Por qué existe en muchos individuos la necesidad de sentir que hay alguien que les esta sirviendo?

Eso es algo que se ve muy a menudo en el sector de la restauración. Los camareros son para muchos, no para todos, meros sirvientes alquilados por un espacio breve de tiempo y para su entera disposición.

Se ve además a la legua quién tiene la necesidad de ser servido y quién ve en el camarero a un trabajador ejerciendo una profesión.

Pero volviendo a los porteadores urbanos, no se trata de una crítica hacia ellos si no a lo que significan para una sociedad.

Son la manifestación del consumo, la imagen de que si puedo pagar tengo lo que quiera, cuándo quiera y dónde quiera.

Son por desgracia el espejo en donde está reflejándose una sociedad en la que los individuos se alejan cada vez más los unos de los otros y todo se convierte en puro mercantilismo.