No estamos lo suficientemente asustados o somos unos inconscientes por pensar que podemos controlar un partido de extrema derecha.

Confiamos en que la historia no se repita y que podamos detener a quien queramos cuando queramos. Pero, alimentar al monstruo y querer matarlo después es una ilusión, y aunque lo matásemos, el monstruo se comería a sus víctimas mientras lo liquidamos.

Los partidos que se autodenominan de izquierdas en España fracasan una y otra vez en la creación de un gobierno en el que poder desarrollar sus excelentes ideas para convertir a los ciudadanos españoles en hombres y mujeres dignos, con trabajo, futuro y con una alta felicidad per capita.

Pero no, sus extraordinarias ideas quedarán de nuevo ocultas tras el egocentrismo izquierdoso.

Todo para el pueblo pero sin el pueblo empieza a ser la máxima también de estos políticos de puño en alto y rosa en la solapa.

En definitiva, hombres de medio pelo que entienden la política como un estamento a su servicio y no al contrario.

Una vez más nos quedaremos sin conocer todos esos maravillosos cambios, que cacareaban en época de elecciones, por falta de acuerdo.

Podríamos pensar que se trata de ineptitud o de falta de coordinación entre partidos de similar ideología lo que ha llevado a perder, de nuevo, el gobierno, esta vez dentro del congreso.

Pero, tras escuchar declaraciones y discursos la sensación que se tiene es que si las izquierdas han fracasado en sus ganas de mejorar la vida de los ciudadanos, a los que les deben su puesto, no es por falta de inteligencia, ni de incapacidades, se trata simplemente porque son seres humanos.

Y en ese «ser humano» hay batallas que no tienen nada que ver con el bien social.

En todo ser humano existen las miserias que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro como la envidia, la cobardía, el narcisismo, la crueldad, el miedo, el orgullo, y otros sentimientos que condicionan la toma de decisiones.

Cuando tratamos a nivel particular, cuando nuestras decisiones no repercuten en el bienestar de millones de ciudadanos, nos podemos dejar guiar por los peores sentimientos que llevemos dentro porque, probablemente, cargaremos nosotros mismos con las consecuencias de nuestro egoísmo, despotismo, cobardía, etc.

El problema es que el esperpento que estamos viviendo en la política en los últimos años, y escenificado en la última semana, es fruto de las miserias individuales y personales de cada uno de los diputados que se sientan en el congreso y que llenan sus discursos de grandes palabras como bien común, patria, bienestar social…mientras que, en el fondo, no están hablando desde la grandeza política sino desde las cloacas individuales de su pequeño mundo.

Dicho de otro modo, en la tribuna de oradores, no estamos escuchando a un político, es decir, a un estamento libre de prejuicios y creado para la búsqueda del bien común a través de la palabra; ya que la política es el medio inventado para tener un campo dialéctico en el que dirimir los problemas en vez de un sangriento campo de batalla, pues bien, en la tribuna no escuchamos a un político, sino a un triste ser humano que no ha escapado de sus miserias y las vuelca en el papel que tiene que representar, es decir, en el de funcionario público.

No digo que sea fácil dejar tus miserias a un lado para comportarte como se debe esperar en el momento en el que ya «no eres tú» sino la representación de un estamento, pero ahí radica la diferencia entre los grandes personajes de la historia y los que no son más que un quiero y no puedo.

Un ser humano puede ser cobarde, sí, pero entonces está incapacitado para trabajar en según qué puestos.

A nivel individual, repito, podemos ser lo que queramos puesto que las consecuencias de los actos que se deriven de nuestras miserias repercutirán en nosotros mismos, pero, si aspiramos al bien común, si nuestro afán es el de mejorar el mundo, no podemos dejar que nuestras miserias y lo peor de nuestros egos nos dirijan.

Y eso es lo que está pasando en las izquierdas españolas.

No hay ningún político que anteponga el bien común a sus miserias de ser humano.

Son los capitanes de barco que prefieren chocar con el iceberg antes que despojarse de sus egos.

¿De qué sirve tener buenas intenciones para un país si se anteponen las miserias individuales al bien común?

Da igual que se forme gobierno en Septiembre como en el próximo año porque será un gobierno de miserables seres humanos y no de Politicos.

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