Nadie es millonario siendo honrado. El trabajo bien hecho, el empeño y el esfuerzo puede verse recompensado por la diosa fortuna en forma de mucho dinero, acciones y propiedades pero, la acumulación de capital implica que se lo estás sustrayendo a otros. No es de una forma consciente, no eres un ladrón de navaja en mano que asalta por las esquinas, eres un ladrón por omisión. Es decir, que acaparas una fortuna cuando no hay vida suficiente para gastártela.

Es parecido a comprar todos los productos de alimentación de un supermercado y dejar sin alimentos al resto de la población.

Tienes dinero para comprarlos por lo que no estás cometiendo ningún delito pero el acto en sí de atesorar esos alimentos cuando no te los vas a comer todos es éticamente reprochable.

Con el dinero pasa igual, puedes ser un buen empresario, que con esfuerzo haya conseguido llevar a lo más alto tu marca comercial, hasta aquí bien, pero, ¿por qué atesorar todas esas ganancias a lo Tío Gilito?, no ves que para qué tú tengas a otros les estás quitando.

Un millonario se hace en detrimento del resto de la población, alguien honrado, jamás se podrá hacer millonario porque su conciencia se lo impediría.

Si mi empresa crece invierto en mis empleados para que ellos también se beneficien, o acaso, ¿no son ellos los que mueven los engranajes de mi negocio?, ¿no es con su esfuerzo con el que puedo salir a bolsa, vender en el extranjero y obtener más beneficios?

Las personas honradas nunca serán millonarias, porque por encima del mercantilismo anteponen la justicia social.

El dinero como forma de diferenciación

Hay un componente narcisista y egocéntrico en cada millonario, algo que deberían hablar con sus terapeutas, ya que se lo pueden pagar.

Las zonas VIP, los reservados, las suite…, no son más que espacios desde donde decirle a la plebe: soy más que tú porque esto está al alcance de unos pocos, y, sobre todo, no quiero que me confundan contigo, yo no soy un miserable.

Económicamente puede que no, moralmente ya te informo que sí lo eres, porque la miseria tiene muchas caras, como bien reflejó Víctor Hugo, y la madre de todas, el germen del resto, es el de la miseria moral.

Poned atención al próximo programa que veáis tipo Callejeros viajeros o Españoles por el mundo, en ellos se ve claramente este contraste entre millonarios y plebe.

En ocasiones muestran habitaciones de hotel con precios tan disparatados que van desde los 3000 a los 64000 euros por noche.

Hoteles que son odas al derroche y carnaza para los que se creen exclusivos. Alimento de egos de quienes no se creen mortales.

Junto con el precio de la habitación siempre dan un par de nombres de famosos que han pasado por ellas, personas, que en muchos casos, ostentan cargos políticos gracias al voto de los miserables o reyes elegidos por la gracia de dios (muy gracioso, sí señor).

Gente que acumula fortunas a expensas de los demás para poder separarse de ellos. Porque deben pensar que no tiene gracia ser millonario y utilizar el mismo tipo de habitación que el resto de sus congéneres.

Haced el cálculo por favor, con los 65000€ que una persona se gasta en una de las habitaciones de hotel más caras del mundo podrían pasar el mes 65 familias en España durante 1 mes.

¿De verdad pensáis que no están robando?, ¿acaso se necesita una habitación de ese precio para dormir?, ¿hemos perdido la cabeza?, no, no la estamos perdiendo, se trata, de nuevo, de marcar la diferencia.

Pero esa necesidad de diferenciarse supone que miles, cientos y millones de seres humanos de todo el planeta vivan miserablemente.