Escuchar las noticias es contraproducente para la salud ética y moral. ¿Por qué?, porque a la mente no le da tiempo de procesar que alguien cobre 40 millones de euros por golpear una pelota, que cientos de personas sean rescatadas en el Mediterráneo, que este verano hay pueblos en España que no tienen médico, que veas las vacaciones de lujo de tal o cual personaje y así hasta el infinito de contrastes que parece que asumamos como naturales.

Cuando todo esto te lo condensan en el mismo espacio la conciencia estalla porque si no estallará sería síntoma de que hemos dejado de ser humanos.

Sé que el inicio de este texto puede ser tachado de demagogia pero la realidad es la que es y el que lo vea como tal entiendo que será porque no me habré expresado bien o que simplemente se queda mirando mi dedo cuando yo lo que quiero es señalar al sol.

Hay comida y recursos para todos

Uno de los argumentos que más estamos escuchando en los últimos meses es que Europa no puede hacer frente a la cantidad de personas provenientes de países pobres y que quieren vivir y trabajar en el viejo continente. ¡No caben!, no hay recursos para todos. ¡Mentira!.

Datos como los que ofrece Oxfam dejan claro la desigualdad social y el acaparamiento de bienes por parte de uno frente a otros:

82% del dinero que se generó en el mundo en 2017 fue a parar a las manos del 1% más rico de la población global

¿Esto es demagogia o injusticia?

Mientras que a unos se les caen los billetes de los bolsillos otros no tienen ni para pan. Y así estamos, viendo la televisión y leyendo noticias como que han fichado a uno por 30 millones de euros por temporada mientras que oyes que no hay dinero para contratar a médicos para cubrir bajas. ¡Esta es la realidad, la puta realidad!

Pero no queda aquí la cosa, cualquier mediocre te dirá que a lo que aspira es a tener un Ferrari, a pegarse la misma vida padre de los que muestran sus mansiones y a comer caviar porque eso es lo que no hacen los pobres.

Los de mente y espíritu mediocre ven en la ostentación el crecimiento personal, es decir, eres lo que tienes y si tienes y no lo enseñas es como si no lo tuvieras.

Por eso me compro un Lamborgini amarillo para que “se sepa quién soy”, y sí, sabemos quién eres, un acomplejado que depende de las cosas para ser.

No estoy haciendo apología de la pobreza, que se nos quite ya esa idea romántica de que el pobre es feliz porque es pobre. No, es feliz porque ha aceptado su realidad y no le queda de otra.

La miseria que arrastra la pobreza, las enfermedades, el hambre y el analfabetismo no hace a nadie feliz salvo al gobierno que los mantiene ahí y los interés comerciales del resto de los países, su mano de obra barata que no se la toque nadie. 

Desde occidente se nos llena la boca con frases tan vacías como “son tan felices con tan poco”, “deberíamos aprender de ellos” para luego recoger las maletas y poner cara de pánfilo mientras cuentas tu experiencia con los “niños de África”.

Si para ti son felices porque no ansían el último modelo de móvil, como tú, tontolaba, pues claro que son felices, pero les falta comida, y sanidad, y educación, y futuro.

Que no vayan llorando por las esquinas, como tú, tontolaba, cuando no puedes comprarte las zapatillas de moda, no significa que no lleven un sufrimiento interior. Los “niños de África” son felices no porque sean pobres, sino porque todavía son inocentes.

La pobreza se puede erradicar cuando dejen de existir individuos que vean en el acumulamiento de riqueza un valor existencial.

Cuando empecemos a infravalorar, a dejar de lado, a ignorar a los que se pavonean de sus posesiones, cuando se atienda de igual manera al que va ricamente vestido que al que va “mal vestido”, cuando una profesión no sea más que otra, entonces, cuando todo el mundo desprecie al que paga 20.000€ por una botella de champán y lo llamen ladrón, en vez de querer ser uno de los que laman su copa, solo entonces, comenzará a erradicarse la pobreza porque tener no será un valor por encima del ser.