El bullyng no existe, existen personas haciendo daño a otras personas, existen individuos que sufren por la crueldad de otras.

Nos detenemos demasiado en las definiciones, en las palabras que muestran un hecho y nos olvidamos que detrás de esas palabras, de lo que representan, lo que hay son seres humanos.

Por eso he comenzado diciendo que no existe el bullying, porque no quiero que se pierda la perspectiva que permite poner el foco de atención sobre lo que configura este hecho: las personas, los Caín y los Abel que alimentan a este monstruo que es el acoso escolar.

“Según la Función Anar, responsable del teléfono de ayuda a niños y adolescentes en riesgo, los casos de «bullying» se han disparado un 75%. Y organizaciones como «Save the Children» arrojan datos alarmantes: 193.000 víctimas de acoso en las aulas y 103.000 agresores de acoso y ciberacoso en España. Uno de cada diez muchachos afirma ir con miedo a clase”. Fuente: ABC Sociedad 

Estos son los datos, la realidad es: sufrimiento, dolor, impotencia, suicidio… pero también, rabia, asco, crueldad, sadismo… porque hablamos del acoso desde la perspectiva del que lo sufre pero no olvidemos que en este juego existen otros actores, los que levantan la mano, los que golpean, los que insultan, los que acosan, y, también un tercero, los sujetos pasivos, que no son solamente los muchachos del patio que ven la actuación de acosado y acosadores, los sujetos pasivos, en este caso, somos TODOS, toda la sociedad externa al ámbito escolar que es capaz de configurar para sí misma bestias que la mermen, que la mutilen, que sean capaces de matar a sus propios congéneres.

El acoso escolar se representa en los centros escolares, ese es su escenario, pero se fragua en cada una de las casas de cada uno de nosotros, se trama en cada familia, se alimenta con cada una de las actitudes con las que nos conducimos en esta sociedad.

El bullying no existe, existen individuos que han aprendido a comportarse de determinada manera, como acosadores, como verdugos y, eso no se aprende en las aulas.

Sabemos de los progenitores de quienes sufren acoso, pero, ¿dónde están los de los acosadores?, qué duro tiene que ser darte cuenta de que tu hijo es el abusador. No tiene que ser fácil de asimilar.

La sociedad es cómplice del acoso escolar

Gestamos individuos en nuestro vientre para ponerlos en un mundo gestado por el hombre, un mundo configurado a imagen y semejanza nuestra, ¡y, ahí, está el problema: a semejanza nuestra!

Queremos niños escolarizados que se conduzcan de manera ética, pero, ¿de qué ética, exactamente?, ¿de la ética del mercantilismo, en donde todos somos bienes de consumo, “seres objetos” para uso y disfrute de otros?, o ¿queremos que sean abanderados de la ética kantiana, racional e ilustrada, que no ve en el otro un medio para un fin sino un fin en sí mismo?

Enseñemos a las generaciones que comienzan a abrir los ojos al mundo esta máxima:

Obra solo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal. I. Kant

Y tendremos el trabajo hecho. Se trata de enseñar a obrar de tal manera que lo que hagas se pueda convertir en ley para todos.

Parece fácil pero no lo es, la sociedad ya está conformada, en continuo movimiento y las semillas que plantemos hoy en nuestros hijos no darán su fruto hasta dentro de unos años.

No es fácil porque hay que luchar contra lo que ya está instaurado. No es fácil porque ni los mismos padres creen en esta máxima kantiana. No es fácil porque hay que luchar contra el yoísmo fomentado por youtubers, instagremers e influencers.

No es fácil porque no hay conciliación laboral y familiar que permita tener tiempo para educar.

No es fácil porque existe una oda a la violencia, al ninguneo, a la mediocridad, al “yo primero”, al “yo digo lo que quiero”, al “yo soy”.

No, no es fácil pero más difícil va a ser dentro de unos años si seguimos mirando hacia otro lado.

Recordad los tres agentes que forman parte del acoso escolar: el acosado, el acosador y el agente pasivo.

La sociedad es el agente pasivo y o lo revertimos o seguirán produciéndose suicidios de niños y adolescentes por culpa del acoso.

¿Tienes hijos?, pues hazte una pregunta: ¿estoy educando a un futuro verdugo?, ¿qué actitudes estoy representando frente a él, con qué discurso le estoy instruyendo, qué comportamiento le estoy mostrando que lo convertirá en un monstruo?

Rectifiquemos ya, es el núcleo familiar todo el universo que los niños conocen en un primer momento, su mundo se reduce a esas cuatro paredes que forman un hogar y desde donde aprenderán a proyectarse más tarde en el mundo exterior.

Es en ese microespacio en donde se gesta todo y donde sí que podemos tener el control de lo que aprenderá nuestro hijo. Somos responsables de su educación y por ende de lo que haga cuando salga de esas cuatro paredes.

No existe el bullying, existen seres humanos que no han sido educados en el respeto hacia el otro, que no han desarrollado la empatía, que están aplastados por su ego…que nadie les ha enseñado que nadie es más que nadie.

Hay víctimas, verdugos y responsables. Rompamos el miedo a responsabilizarnos de las consecuencias de una mala educación, aprendamos a educar en valores que permitan crecer en humanidad: amistad, solidaridad, cooperación, generosidad…empecemos a valorar a los que dan más que a los que tienen.

Desnudemos los conceptos y miremos a los ojos a quienes se esconden detrás de ellos, niños asustados, niños con ira, niños diferentes, niños…, niños que necesitan una guía, ayuda para dejar de sufrir el papel que les ha tocado.


Apunte: La casualidad, que no existe, hizo que, mientras escribía este artículo llegara a mis manos un cuento sobre el tema, Corazones Azules: Súper Pedrito. Autora: Sargento Emilia e Ilustraciones: Benjamín Celdrán  Edit. Pluma Verde